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Evita que la timidez influya en tu trabajo


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Hablar de timidez es hablar de la presencia en la vida. Las personas tímidas no se sienten con pleno derecho a ser y estar en este mundo. Su personalidad retraída les lleva a tener que estar “pidiendo permiso” en todo momento. Por eso es muy importante que logren empoderarse, es decir, creer en su propio valor y en su capacidad de estar presente física, emocional y racionalmente. ¿Y cómo conseguirlo? Para saberlo, hemos de analizar primero la etimología del problema.
La timidez es fundamentalmente un problema de autoestima, entendida como la seguridad o confianza que sentimos en nosotros mismos. Esa autoconfianza la construimos, en un primer momento, en los primeros años de nuestra vida, en las primeras relaciones que establecimos con nuestra madre, con nuestro padre…, y en función de cómo fueron esas primeras relaciones, psicólogos como John Bowlby y otros defensores de la teoría del apego establecieron cuatro tipos de personalidad:

Personalidad segura: establece sus relaciones desde una base de seguridad interna y se muestra confiado en el ser humano. Fue un bebé reconocido en sus necesidades y deseos.

Personalidad ansiosa-evitativa: establece distancia en sus relaciones, se mantiene al margen, actuando desde la desconfianza y el recelo en el ser humano. Fue un bebé rechazado o ignorado en sus necesidades básicas y construyó una capa de protección que le dice al mundo: “Yo me valgo solo, no necesito a nadie”. Suele ser aquel al que llamamos prepotente o sobrado.

Personalidad ansiosa-ambivalente: sus relaciones se basan en la utilidad (“Yo te necesito para esto”); no es desinteresado. Fue un bebé usado para satisfacer las necesidades de sus figuras de apego (para alegrar, para calmar, para dar seguridad a mamá o papá…). De adulto vive con ansiedad las relaciones, porque espera tanto al tomar la iniciativa que, cuando lo hace, llega tarde.

Personalidad desorientada: su forma de relacionarse es desorganizada, no sigue un patrón fijo. Su afecto e interés son cambiantes. Fue un bebé que no pudo construir una forma de defenderse en la vida, y es como si estuviera continuamente probando nuevas formas y estilos. Tiene una gran capacidad de imitación. Excepto el patrón de personalidad segura, todos los demás se relacionan con algún problema de autoestima, de confianza en uno mismo, y en tales casos, si se trata de personas tímidas o no dependerá de la forma en la que aprendieron a protegerse de sus miedos e inseguridades internos. evidencia corporal
El cuerpo tiene su propio lenguaje, y es cierto que las personas tímidas manifiestan con su manera de presentarse ante los demás su nivel de seguridad en sí mismas. Así, la postura de alguien para quien la timidez supone una limitación en su vida es contraída y atemorizada. Repara, para tenerlo más claro, en cómo reaccionas cuando te dan un susto: tu pecho y barriga se encogen, la respiración se entrecorta, baja la temperatura corporal, los ojos se abren mucho, aparece un sudor frío… Si, por las circunstancias que te ha tocado vivir, esa experiencia de temor la has vivido con mucha intensidad o en repetidas ocasiones, quizás con menor intensidad pero en un período sensible de tu vida, el cuerpo se te queda como si se hubiera “congelado” en esa emoción. Sin embargo, no debes preocuparte con estos síntomas, son solo señales que el cuerpo te envía para que puedas aprender de esa información subconsciente y crecer.

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Con voluntad se puede todo

Cualquier limitación con la que nos encontremos, incluso relacionada con la construcción de la personalidad como la timidez, debe servirnos para tratar de franquearla y así avanzar en nuestro crecimiento. Es la ley de la selección de Darwin, que dice que si ante una carencia o dificultad uno se retira, tiende a desaparecer; y si ante una limitación nos crecemos y buscamos alternativas, mejoramos la especie. Tenlo en cuenta a la hora de emprender acciones para superar tu timidez. Estas comprenden un doble proceso. En primer lugar, un ejercicio de voluntad y de control racional, que implica comprender y aceptar la limitación en cuanto a forma de relacionarte. A partir de ahí vendría el aprendizaje de las habilidades sociales que facilitan la creencia en ti mismo y tus capacidades. Los libros de autoayuda, los métodos que favorecen el conocimiento interno, el coaching, etc. pueden ayudarte en esta etapa. Y en segundo lugar, el aprendizaje de una nueva forma de relacionarte desde la seguridad en ti mismo. Para ello es necesario un proceso de psicoterapia en el que, gracias a la relación con el psicoterapeuta, aprendes nuevas formas de estar con otro ser humano.

Enfrentarse a los propios miedos

Si alguna vez te has encontrado con la situación de que te ofrecen un trabajo de cara al público, puede que, dada tu timidez, te hayas preguntado si aceptarlo sería contraproducente para ti y, por tanto, descartable, o más bien una buena oportunidad para ponerte a prueba y tratar de superarte. Esta segunda opción es más razonable, dada la gran capacidad de superación que tiene el ser humano en general.
La posibilidad de desarrollar una labor que requiere el trato directo con otras personas te obliga a enfrentarte a tus miedos y comprobar, aunque sea a través del aprendizaje por ensayo y error, que la mayoría de esos miedos forman parte de creencias irracionales que, cuando se contrastan con la realidad, suelen desaparecer. Apunta los siguientes consejos para ganar seguridad en ti mismo en esta situación concreta:
✽ Tener conocimientos acerca de la labor concreta a desempeñar te aporta seguridad.
✽ Valora si eres capaz de demostrar las cualidades que se requieren para un trabajo de cara al público o, al menos, se trata de habilidades potencialmente asumibles. Estas son las principales: mostrar empatía hacia los demás, es decir, saber ponerte en su piel para entender qué sienten o piensan; conocer los propios límites y los de los demás, aceptar unos y otros y emprender acciones concretar para tratar de superarlos; ser cortés y saber regular las emociones.
✽ La relación con jefes y compañeros implica recibir órdenes, solicitar ayuda, formación… ¿cómo afrontarlo? Un buen truco es abandonar el pensamiento negativo, de malestar: “Se aprovecha de mí”, “Va a pensar que soy tonto si le pido ayuda”, etc. Recuerda cómo te resultaba de niño o adolescente cuando tus padres o profesores te daban órdenes: ¿eras sumiso o rebelde? ¿Aquella sensación es parecida con tus jefes o compañeros?
✽ Es esencial despedirte de la forma de relacionarte antigua, adolescente, e incorporar la del ser adulto que eres. Ese ser adulto implica tener conciencia de dónde estás, cuáles son tus objetivos, cuáles son los medios de que dispones para conseguirlos, y tener las herramientas suficientes para ponerlos en marcha sin cansarte, sin abandonar, con esfuerzo. Si todos estos consejos no te sirven, tendrás que buscar ayuda profesional, un buen guía que te oriente sobre cómo cambiar tu forma de relacionarte y te proporcione más herramientas para sentirte más seguro.


16 junio, 2015
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